Alta costura – Isabel Zapardíez
Sesión de fotografía de moda para la nueva colección de alta costura de Isabel Zapardíez, en plena pandemia y con el estudio recién montado. Así la vivimos.

Qué decir de Isabel Zapardíez y su ARTE con la aguja que no se haya dicho ya. Esta sesión fue uno de los mayores puntazos que hemos vivido en nuestro estudio. Imagínate la escena: plena pandemia, el estudio recién montado (bueno, ya llevábamos tiempo haciendo fotos y vídeo, pero no teníamos aún el estudio), y nos contacta el marido de Isabel para hacer la sesión fotográfica de su nueva colección. Confesamos que sentimos bastante presión, así que preparamos el estudio y el material a conciencia. Hicimos pruebas con diferentes esquemas de luz, objetivos y ángulos para asegurar que todo saliera perfecto.
El día de la sesión despejamos la zona de office para convertirla en un cambiador cómodo y colocamos los burros para colgar los vestidos. Además, desinfectamos todo lo que se nos puso por delante: suelos, baños, puertas y mobiliario, ya sabes, por aquello del dichoso virus.
Lo primero fue descargar cuidadosamente los vestidos y montar la zona de camerino. Poco después llegó Isabel junto a la modelo y las dos estilistas (maquillaje y peluquería), ambas espectaculares, por cierto.
Isabel ya había trabajado antes con Esther Rodríguez (@estherodfer en Insta), una modelo andaluza que literalmente quita el hipo. Además de tener una cara que parece de otro planeta, trabaja increíble delante de la cámara. Conoce perfectamente su cuerpo, sabe qué le funciona y qué no, y en cada disparo nos regalaba poses diferentes que todas parecían de revista. Honestamente, poco podíamos aportar dirigiendo cuando teníamos delante a semejante profesional.
No era la primera vez que trabajábamos con modelos profesionales, pero sí con alguien de este nivel. Si la buscáis en Google, veréis que trabaja muchísimo y ha salido en cantidad de publicaciones importantes. Además, encajaba a la perfección con el estilo único de Isabel.
Ah, y los vestidos… Todavía hoy recordamos esa sensación de decir «¡buaaa!» cada vez que Esther salía del cambiador. Lo que hace Isabel con la tela es sencillamente impresionante.
Un detalle delicado después de la sesión fue el retoque. Esther había sufrido algún tipo de reacción alérgica con una prenda del día anterior, y tenía algunas zonas enrojecidas y con granitos en la espalda. Retocar eso, especialmente en vestidos con espaldas descubiertas o detalles de tul, nos llevó horas de trabajo con la tableta gráfica. Pero bueno, es lo que hay, ¿no? Por suerte, la maquilladora facilitó muchísimo el trabajo de retoque de piel, igual que la peluquera, que estuvo pendiente todo el rato para que no se escapara ni un solo pelo fuera de su sitio.
Definitivamente, una de esas sesiones que nunca olvidaremos.


